Las tensiones políticas recientes han generado un clima de incertidumbre alrededor de la próxima Copa Mundial de la FIFA 2026, programada para celebrarse en Estados Unidos, México y Canadá entre junio y julio de este año. A medida que se acerca el evento futbolístico más importante del planeta, diversos sectores en Europa han emitido llamados a pormenores de boicot o presión política sobre el torneo, citando decisiones geopolíticas y controversias internacionales como motivo de descontento.
Estos llamados no provienen únicamente de aficionados, sino también de figuras políticas y entidades que han vinculado las tensiones diplomáticas globales —incluida la situación en Venezuela y las acciones de Estados Unidos— con la celebración de eventos deportivos de alto perfil. La discusión ha alcanzado titulares en varios países, generando un debate sobre si la política debe influir en la participación o apoyo popular al Mundial.
Organizaciones deportivas y autoridades de la FIFA han respondido enfatizando la independencia del deporte y la unidad global que representa el fútbol, destacando la importancia de separar eventos como la Copa del Mundo de conflictos políticos. Sin embargo, la intensidad del debate asegura que la conversación siga activa en los meses previos al torneo.
El Mundial 2026 promete ser un evento histórico por su formato expandido con 48 selecciones, el primero de este tipo en la historia de la Copa del Mundo.